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lunes, 30 de mayo de 2011

RECORDANDO QUIÉNES REALMENTE SOMOS (Parte uno)


El estado natural de ser de lo divino es el gozo, y como seres divinos tenemos la capacidad de manipular la energía a fin de que nos sirva. Elegimos manipular la energía de una manera que se manifestara en un cuerpo que pudiéramos habitar para tener la experiencia de actuar, descubrir, y experimentar la vida, y dentro de este cuerpo creamos una mente para tener algo que nos apoyara en esa experiencia. Dado que optamos por no recordar quienes somos, también elegimos cerrarnos a nuestro estado natural de gozo y en su lugar permitimos que la mente fabricara las emociones con el fin de darnos una sensación de estar vivos.



De todas las cosas que están sucediendo en todo el mundo hoy en día, el fenómeno más emocionante de todo lo que está ocurriendo es que miles de individuos están recordando quiénes son, que somos seres divinos que deliberadamente elegimos tener la experiencia de ser humanos que no tienen memoria de sus raíces divinas.

El estado natural de ser de lo divino es el gozo, y como seres divinos tenemos la capacidad de manipular la energía a fin de que nos sirva. Elegimos manipular la energía de una manera que se manifestara en un cuerpo que pudiéramos habitar para tener la experiencia de actuar, descubrir, y experimentar la vida, y dentro de este cuerpo creamos una mente para tener algo que nos apoyara en esa experiencia. Dado que optamos por no recordar quienes somos, también elegimos cerrarnos a nuestro estado natural de gozo y en su lugar permitimos que la mente fabricara las emociones con el fin de darnos una sensación de estar vivos. Básicamente, decidimos jugar un juego en el que, en lugar de experimentar un constante gozo natural, afilamos a la mente para que fabricara una amplia gama de emociones, desde los máximos extremos a los mínimos extremos, que dan como resultado la creación del drama. Esto no sólo nos da una sensación de estar vivos, sino que nos da un propósito porque el drama proporciona una sensación ilusoria de que hay problemas, lo que luego nos da incentivo para resolver estos problemas, y esta dinámica ha sido el medio que hemos utilizado para evolucionar como especie. Así es como la vida se ha expandido en el mundo de la dualidad.

Sin embargo, ya que estamos viviendo sin sentir nuestro estado natural de gozo y, por lo tanto, sin saber que somos los creadores, también le dimos a la mente el control total para hacer lo que tenía que hacer para guiar nuestras vidas. Se podría decir que le entregamos nuestra soberanía a la mente. Por lo tanto, sin la conciencia de cómo hacernos cargo de nuestra vida, nos cuesta mucho enfrentar algunas de las emociones que nuestra mente fabrica, las que tienden a desequilibrarnos. Históricamente hemos alejado tales emociones no deseadas. Si son emociones muy intensas o alguna regla, tal como nos dicta un decreto religioso, “¡Oh, no deberías sentir eso!” entonces las alejamos. Esta ha sido nuestra manera histórica de enfrentar tales emociones. Sin embargo, en el proceso hemos estado creando aspectos emocionales de nosotros mismos que literalmente toman vida propia. En otras palabras, manipulamos la energía de una manera que creó emociones, pero entonces nos separamos de esas emociones que no nos gustaron. Y, sin embargo, ya que somos el creador de estas emociones, literalmente son parte de nosotros energéticamente por lo que nunca realmente desaparecen.

En cambio, estos aspectos de nosotros tienden a atascarse en cualquiera que sea el problema que haya sido que causó que los alejáramos en primer lugar. Puesto que albergan emociones que no son deseados, literalmente se convierten en “niños” no deseados, por así decirlo, que abandonamos, en el sentido de que somos su creador y sin embargo no queremos tener nada que ver con ellos. Se podría decir entonces que estos aspectos emocionales son como huérfanos que han sido abandonados por sus padres, quizás sin saber siquiera quiénes son sus padres. En esencia, se pierden en su problema y deambulan sin rumbo en otras dimensiones, y de vez en cuando nos encontramos experimentándolos energéticamente, a menudo preguntándonos de dónde diablos vino eso.

Mientras tanto, ya que optamos por olvidarnos de que somos divinos, no tenemos conciencia de nuestro papel en la creación de estos aspectos por lo que cuando se aparecen energéticamente en la forma de estas emociones no deseadas, fácilmente nos podemos identificar con ellos. En otras palabras, ya que no sabemos quien realmente somos, tendemos a creer que somos estas emociones. Al igual que los aspectos, podemos entonces perdernos en su problema y nosotros también deambularemos sin rumbo por la vida.

Esto es precisamente lo que ha tenido lugar históricamente. Mientras hemos estado evolucionando a través de la experiencia del día a día de la resolución de problemas como consecuencia del drama, también hemos ido acumulando una enorme cantidad de aspectos emocionales y nos hemos identificado con ellos, y por lo tanto, nos hemos alejado de cualquier conciencia de quienes somos realmente, tanto es así que a pesar de que hemos creado un mundo increíble de avance tecnológico y científico, todavía estamos en la Edad Media cuando se trata de comprender las complejidades de nuestro estructura emocional. En el campo de la sicología, no hay comprensión real de qué hacer con los individuos que están tan angustiados que terminan en instituciones. No tienen ni idea de cómo resolver los problemas de estas personas porque no tienen idea de quiénes son. Los profesionales tampoco saben quiénes son así que es como un ciego guiando a otro ciego. En consecuencia, no faltan los individuos que de repente muestren emociones bizarras y aterradoras que se traducen en acciones trágicas, y no tenemos ni idea de porqué y peor aún, cómo evitar que otros de repente exhiban el mismo comportamiento irracional.

La solución radica en saber quiénes somos y la buena noticia es que con el potencial que tenemos en este momento para recordar quiénes somos, también tenemos el potencial para ponerle fin al drama dentro de nosotros mismos y literalmente volver a nuestro estado natural de gozo. Esto puede suceder pasando por el proceso de recordar quien realmente somos, lo que incluye traer a casa poco a poco todos nuestros aspectos emocionales. Parte de este proceso también implica re-cuperar el control de nuestras vidas, aprendiendo a sentir en nuestro espacio del corazón, donde habita lo divino, y escucharlo en vez de dejarnos guidar por la mente, que nunca sabe a ciencia cierta lo que es mejor para nosotros. Se podría decir que cuando le dimos autoridad sobre nuestras vidas a la mente, habíamos puesto nuestro corazón, o lo divino, en una caja, la tapamos, y se nos olvidó incluso que estaba ahí.

A medida que pasamos por este proceso, comprender lo que está pasando puede ser extremadamente útil. Por ejemplo, puesto que somos divinos en nuestra esencia, esto significa que quien sea que pensemos que somos es en realidad sólo un papel que estamos representando en el escenario de la vida. Nuestra personalidad y la forma en que percibimos la vida contribuyen con el tipo de elecciones que hacemos, pero no es un reflejo de quienes somos en realidad. Es un reflejo del punto de vista del papel particular que hemos elegido representar. Cada buena película u obra tiene un guión bien escrito que incluye todos los ingredientes necesarios para inspirar o tocar las vidas de la audiencia de alguna manera de forma que le quitan a la actuación algo que se quedará con ellos. Bueno, nuestras vidas son en realidad sólo nosotros representando un guion que hemos escrito de forma que nuestras acciones son una gran actuación que se está interpretando momento a momento, mucho como un programa de televisión de reality. Y al igual que una buena película, tenemos influencia sobre el público que aparece en nuestro guion de forma que otros a nuestro alrededor quitan algo de nuestra actuación.

Cuando verdaderamente entiendes esto, te das cuenta de que eres el actor y que lo que estás eligiendo cada día es sólo un papel que estás representando pero no eres este papel, eres el actor. Y, sin embargo, debido a que te has identificado tan fuertemente con no importa qué pensamientos y emociones que tu mente ha fabricado, quedas atrapado en la creencia de que eres el personaje que estás representando en lugar del actor que ha aprendido el papel tan bien que se desempeña como si lo fuera. Si un actor continuara representando el papel mucho después de que hubiera terminado la filmación, se le consideraría que es extraño, quizás incluso que está mentalmente mal. Y, sin embargo, esto es precisamente lo que hacemos. Elegimos papeles pero luego cuando la vida cambia y pasamos a otras experiencias, tendemos a seguir desempeñando el mismo viejo papel, a pesar de que ya no nos sirve en absoluto. Somos actores increíbles y podemos cambiar el guion en cualquier momento que queramos, pero por lo general no lo hacemos porque no estamos conscientes de lo que está pasando, y esto nos lleva a perdernos en nuestros papeles, atascados en llevar a cabo los mandamientos de la mente para que literalmente estemos alejados de quien realmente somos. Pero con el conocimiento de esto, ahora puedes comenzar el proceso de recordar quién eres para que puedas comenzar a soltar ésos viejos papeles, lo que permite que tus aspectos emocionales vuelvan a casa.

Puesto que la mente es donde estamos jugando el juego de fabricar emociones extremas, lo que resulta en la creación del drama, que proporciona una sensación ilusoria de que hay problemas, lo que entonces nos da incentivo para resolver estos problemas, entonces cuando la mente percibe un problema y luego se reta a encontrar una solución, esto sigue siendo la manera de la mente de mantener el control porque todo este juego se juega dentro de la mente. La mente tiene demasiado miedo de entregarle todo el juego al corazón porque, bueno, como su creador le pedimos a la mente que nos protegiera de lo que consideramos un corazón inestable así que no es de extrañar que incluso la mente no confíe en el corazón con demasiada facilidad.

Así que a fin de cuentas, somos responsables de toda esta experiencia de juegos que estamos teniendo como un humano. Cuando optamos por no tener conciencia de nuestra naturaleza divina y por lo tanto le entregamos el control de nuestras vidas a la mente, que entonces comenzó a fabricar emociones para que nos sintiéramos vivos, y esta acción provocó entonces emociones extremas por lo que algunas fueron demasiado dolorosas para manejar, que a su vez nos hizo alejarlas, creando los aspectos emocionales, entonces le dimos a la mente la tarea de tratar de encontrar una solución por habernos encontrado en el dilema de tener emociones no deseadas y atascadas, cuando fuimos nosotros los que nos permitimos quedar atrapados en este lío en primer lugar. Todo el proceso comenzó cuando le entregamos el control de nuestras vidas a la mente. Por eso a la mente se le ocurrió la idea de la auto-ayuda. Percibía que el alma anhelaba que se le permitiera salir de la caja en la que la colocamos, y percibía que el humano se estaba impacientando a causa de esto, así que rápidamente fabricó una manera de apaciguar al humano mientras que mantenía su posición como guía y comandante.

Lo que logramos crear es la percepción de un mundo que está lleno de problemas que nos sentimos responsables de encontrarles soluciones, y esto se ha convertido en nuestra forma de vida en el planeta Tierra. Estamos atrapados en un juego de hacer. Cada humano percibe algún tipo de problema en su vida, ya sea muy simple o infinitamente dramático, y por lo tanto, tiene algún tipo de reacción, ya sea de acción para resolver el problema o la no acción que da como resultado un cierto grado de culpabilidad en algunos casos por no hacer nada al respecto del problema. Y lo que estoy diciendo es que todo este juego de la vida humana como lo conocemos, se está reproduciendo en cada momento dentro de la mente. Estamos representando un papel. La mente ve un problema y luego entra en modalidad de “salvar”, cuando en realidad todo esto es una ilusión. La energía está siendo manipulada por el perceptor para que aparezca en forma de un problema, que es en realidad sólo un reflejo del actual sistema de creencias que percibe lo que la vida significa y quiénes son. Por ejemplo, si el perceptor está experimentando caos, preguntándose por qué ciertas cosas están sucediendo en su vida, su mundo exterior va a reflejar esto pareciendo estar en caos también.

La mente crea primero el sistema de creencia, luego se cuestiona, lo que provoca luchas emocionales, y esto entonces le da a la mente la oportunidad de señalar con el dedo un problema percibido que en realidad es responsable de haber creado (aunque se engaña pensando que algo más es responsable de ello), lo que le permitirá lanzarse en otro juego llamado modalidad de encontrar la solución, y esto es una especie de circuito continuo de drama en el que le encanta jugar porque es su forma de asegurar su continua existencia, así como su dominancia como nuestra guía.

Lo que es fascinante es que este circuito continuo se puede romper con un simple cambio en tu percepción. Por ejemplo, después de crear aspectos emocionales y luego alejándolos, estos aspectos van a querer con el tiempo volver a casa. Como dije, son como niños huérfanos y qué más quisieran que ser abrazados por su padre perdido hace tiempo, que resulta ser tú. Esta es precisamente la razón por la que la parte divina de ti escribe en tu guion oportunidades para que tus aspectos sean experimentados. Las circunstancias que activarán los mismos aspectos emocionales que has creado serán inducidas a aparecer justo delante tus ojos. De esta manera, lo divino está constantemente trabajando para hacer que tu mundo externo te refleje de vuelta en quien te has convertido, que incluye todos tus aspectos emocionales. Esto se debe a que el tú verdadero-lo divino-sabe lo que realmente quieres, incluso cuando tú no. Sabe que tu mayor deseo es volver a tu estado natural de gozo (porque eso es lo que eres) y para hacer eso, vas a tener que aprender a aceptar todos estos aspectos que has creado, pero que no les has dado importancia. Por lo tanto, los creará para que sean experimentados en tu cara, con la esperanza de que los aceptes y honres.

Cuando las emociones se presentan, esta es tu oportunidad de abrazarlas y honrarlas y traerlas a casa. Sólo ha sido porque no entendíamos esto de que hemos estado continuamente alejándolas, provocando el circuito continuo del drama. Cuando recuerdas que eres el creador, ahora sabes que las emociones desencadenadas son oportunidades llamando a tu puerta. Sabes que no eres estas emociones. Tú eres el padre divino que ama y adora a estos aspectos o hijos. Este es tu momento para brillar como un padre incondicionalmente amoroso y darles la bienvenida a casa a tus hijos.

Una vez más, ha sido la falta de conciencia y la comprensión en cuanto a quién somos en realidad y para el caso, quienes no somos, lo que nos ha hecho jugar estos juegos de la mente durante tantas vidas. Como el humano, creemos que somos lo que nuestra mente nos dice que somos (lo que sea que nos alimente) y nos dejamos manipular por la mente a poner nuestro enfoque en eso para quedar totalmente atrapados en todo tipo de causas, motivadas por los problemas percibidos que son ilusorios, y así es precisamente cómo nosotros como el creador divino hemos manipulado la energía para que nos sirva en este mundo de la dualidad. Este juego ha sido como una montaña rusa, y oh qué paseo ha sido. Hay algo acerca del drama de ello que es tan seductor que nos mantiene continuamente a todos volviendo por más, vida tras vida. Es similar a cuando vemos un accidente en la carretera donde hay varias ambulancias. Una parte de nosotros quiere ver los detalles sangrientos. Esta es también la razón por la que tendemos a ser atraídos por las noticias negativas de los medios de comunicación.

Sin embargo, hemos jugado a este juego por mucho tiempo y lo hemos analizado a lo largo del camino tanto que ahora estamos empezando a comprender la naturaleza de este juego, y que es precisamente eso -¡sólo un juego!- Ahora, sin duda podemos optar por continuar jugando el juego, representando el mismo viejo guion que estamos agotados de realizar tantas veces, o podemos optar por hacer otra cosa, tal como empezar a identificarnos con quien realmente somos como el creador. Este es el primer paso para permitir que lo divino se fusione con lo humano, que es el más grandioso potencial de todos los potenciales que está disponible para nosotros en este momento. Si decides comenzar a identificarte con lo divino como el actor en lugar de con tu mente como el papel, lo más probable es que tendrás un encuentro con tu alma (lo divino dentro de ti) que te permitirá momentáneamente volver a experimentar o recordar tu estado natural de ser-gozo-. Esto a su vez, te traerá gran claridad y saber de que realmente eres el creador. Simplemente lo sabrás. Nadie más tiene que decírtelo y nadie más puede disuadirte de lo que has experimentado. Simplemente sabes.

CONTINUARÁ….



Por Paul Reinig

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