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domingo, 6 de junio de 2010

22 - ENSEÑANZA DE JESÚS, EL CRISTO, por Starr el 3 de Junio 2010

Como veis hermanos míos no sois vosotros los que me habéis elegido a Mí, sino que Soy Yo el que os eligió a vosotros.
Debéis llevar dentro vuestro la alegría, sed alegres, os pidieron mis hermanos de la luz, para que en otros podáis dibujar la esperanza y la alegría.
El que no lleva dentro de sí la alegría, no puede ser mi mensajero, pues su amargura frenará toda posibilidad de acercar a otros a mi amor.


La paz este contigo hermana.

Y contigo Amado Señor.

¿Tienes tiempo para Mí?

Si Amado Señor, tengo todo el tiempo para Ti, todo mi tiempo es tuyo, aquí me tienes. Dime Señor, habla que escucho, mi amado Redentor.

El ser humano, hermanos míos, tiene dentro de sí una profunda herida, una herida que no le permite distinguir entre el bien que desea hacer y el mal que continuamente hace a los demás, eso hermana mía, hace que la relación entre los hombres sea dolorosa. Y esa misma herida hace que el hombre vea a su Señor como lejano, prácticamente invisible a los ojos del alma, y lejano a su vida y a su historia.

Desde que el hombre es hombre dotado de inteligencia y voluntad, vuestro Amado Padre ha vuelto permanentemente su mirada hacia el, para invitarlo a la salvación, para curar todas las heridas, y los males que lo hacen tornar distante del amor de vuestro Padre, un amor que se hizo realidad en cada instante de la vida de los hombres, un amor que no conoce de ausencias, sino que es presente, eterno en vuestro caminar, pero vuestro Padre jamás ha hablado a un solo hombre, uno solo que esté aislado o disperso, uno solo que necesite de un silencio total y absoluto, alejado de toda compañía para recibir su Palabra.

Eso no es así, he allí el error de tantos maestros, que a sus discípulos hacen sentir menos que ellos, e indignos de recibir la Palabra, sino que por el contrario mi amado Padre se eligió desde siempre un pueblo, su mensaje fue dado a miles de personas y allí comenzó a realizar su proyecto de salvación, el sueño de congregar a todos los hombres en su reino de amor, vuestro Padre ha sido siempre un Dios salvador, un Dios de amor, un Dios que respeta y ama tanto al hombre, que lo fue preparando desde siempre a lo largo de diversas etapas.

Etapas que transcurrieron en un tiempo y en un lugar. Así fue como en un tiempo también tu mi amado hermano, fuiste convocado en medio de un pueblo, para llevar el mensaje de esa salvación, dotado como lo eres ahora de una fuerza y una fe inquebrantable. Además de una inteligencia y una memoria prodigiosa, conservaste dentro de ti las enseñanzas que el Espíritu de mi Padre, puso dentro de ti, para transmitirlas a otros, usando como instrumento tu voz, cantabas la historia del amor del Padre creador por toda la tierra.

Fue menester que dejaras esposa y familia para cumplir fielmente y obedientemente las instrucciones del Altísimo, pero el pueblo de Dios, rompió aquella armonía, rompió aquella alianza que vuestro Padre hizo por amor, y a lo largo de los años y de los siglos de la tierra, sucesivamente la alianza fue quebrantada.

El pueblo que había sido elegido, sintió crecer dentro sí esa predilección y fue presa del orgullo y de la soberbia, no fue lo que su Señor había pedido. Nunca fue el instrumento por el cual mi Amado Padre se pudiera hacer presente en el mundo y en la historia del hombre. Un día elegí ser Yo quien sellara una nueva Alianza. Por mi propia voluntad, me hice solidario con el pueblo elegido, por amor y obediencia fue sellada con mi sangre, la alianza de amor. Como veis hermanos míos no sois vosotros los que me habéis elegido a Mí, sino que Soy Yo el que os eligió a vosotros.

Vanamente se afana el hombre, por arrojar sobre sí el crédito de que ha sido elegido por sobre los demás para propagar mi mensaje, pues el mensaje ya fue propagado por muchos que supieron abrir su corazón al amor. Es ahora el tiempo en el que la nueva Alianza, el nuevo reino del amor es instaurado, para ello son convocados como lo fue desde toda la eternidad la totalidad del género humano.

No distingue vuestro Señor entre sabios e ignorantes, entre pobres y ricos, entre buenos y malos, a todos os convoco a mi amor, a todos os convoco a mi eterno y misericordioso corazón, una sola Palabra los acoge ya dentro de mi Ser... Si Creo, Señor Creo, Creo que eres el ungido el hijo del Dios vivo, como lo proclamara mi hermano Pedro, creemos en Ti, en el Padre Eterno, creemos que nos has dado por madre a Tu propia Madre, Creemos en el Espíritu que une a las tres personas, creemos en el amor.

Y con solo pronunciar esas palabras, ya estáis siendo servidores del nuevo reino, y aún aquél que nada conoce de vuestro Señor, aún aquél que jamás ha pronunciado siquiera el nombre de mi amado Padre, aún él tiene las puertas del reino del amor abiertas, si dentro de si es misericordioso con los hermanos y derrama amor sobre los que lo rodean. Grande es el corazón de mi amado Padre y grande es mi corazón, rebosa misericordia y amor.

Vosotros lo sentís dentro vuestro, vosotros habéis sentido el ardor del amor sublime de vuestro Señor, habéis conocido lo que es el verdadero amor, cuando más dañado estaba vuestro espíritu y cuando creías que la vida os cerraba todas las puertas, allí estaba Yo, vuestro Señor para hablaros al corazón y no dejaros caer, para mostrarles y abrirles las puertas del amor.

Ahora el hombre se debate entre cual mensaje es verdadero y cual no lo es, mi Padre ya os ha instruido al respecto, pero debéis saber como mis mensajeros ya os han dicho que hablo a los hombres con el lenguaje de los hombres, mis palabras y las de mi Padre, son sencillas y fáciles de comprender, pues si así no fuere, entonces cada uno de vosotros interpretaríais mis Palabras según vuestro parecer, siempre que necesitéis saber donde está el verdadero mensaje mirad las palabras si son sencillas y nobles, si no guardan ni esconden mensajes ocultos, encerrados dentro de ellas, entonces provienen de vuestro Señor o de sus mensajeros.

Jamás vuestro Señor, Yo vuestro hermano que os amo inmensamente, habré de deciros más que palabras de amor, pues son las únicas que poseo, o ¿acaso no habéis visto plasmado mi amor en la entrega que ha sido hecha solo para llevaros de regreso a la casa de mi Padre?

Solo se desata mi cólera cuando ofendéis el nombre de mi Amado Padre, cuando ofendéis el corazón de mi Madre, cuando hacéis oídos sordos a sus súplicas, es allí cuando pongo de manifiesto mi ira. Mi apóstol, mi hermano y mi servidor debe tener dentro de sí, la serenidad que es fruto de la fortaleza que posee aquél que ha abrazado su vida al amor, no puede mi servidor llevar dentro de sí, amarguras que le impedirán hacer conocer a otros hermanos el rostro sereno y amable de Dios.

Debéis llevar dentro vuestro la alegría, sed alegres, os pidieron mis hermanos de la luz, para que en otros podáis dibujar la esperanza y la alegría. El que no lleva dentro de sí la alegría, no puede ser mi mensajero, pues su amargura frenará toda posibilidad de acercar a otros a mi amor.

Debéis ser serenos en el peligro, en el sufrimiento y en las tentaciones que a diario se os presentan, no cometáis la equivocación de creer que porque estáis en contacto Conmigo, vuestro Dios y Señor, estáis exentos de ellas, por el contrario, acudirán a vosotros con más frecuencia que el resto de los mortales, pues habéis elegido mi propio camino, y así Yo, vuestro Señor, sufrió las tentaciones cada día de mi vida terrenal, de igual modo vosotros las sufriréis en igual medida.

Aquél que desee ser mi discípulo, ha de ser sereno y optimista, a pesar de las dificultades en la vida de cada uno de vosotros, pues vuestra vida está llena de tribulaciones. Y las tribulaciones hermanos míos, son como las olas del mar que pega fuerte sobre la roca y cuando la tempestad os azota en vuestra vida, y todo se torna oscuro y tambaleante, sentís que el mundo se hunde debajo de vuestros pies y un abismo inmenso os devora hacia abajo.

Es allí hermanos míos donde no debéis perder la serenidad y eso no es fácil. Yo vuestro Señor lo se, he sido como vosotros uno más, un hombre más, he sufrido todo lo que vosotros sufrís, pero si os mantenéis serenos y firmes en la fe y en el amor, entonces saldréis victoriosos. Pero si dudáis o sois presa de la amargura, entonces quedaréis aplastados por la ola que pegara con furia y os aplastará contra las rocas.

Debéis luchar cada día de vuestros días por conquistar la serenidad y lo podréis lograr si podéis dominar vuestras pasiones. La paz que Yo os he prometido, no reside en que no tendréis dificultades, sino en que os doy la fuerza para poder dominarlas y es en Mi Paz y en Mi fortaleza la que os dará serenidad, cuando la tempestad golpee la barca de vuestras vidas.

Hermanos míos, por la paciencia vuestras almas llegarán a ser dueñas de su destino, aplastando a la tristeza, dando lugar al mar de la misericordia y del amor.

A veces escucho que mis hermanos de la tierra me dicen que son capaces de entregar su vid por Mi, pero son incapaces de soportar pacientemente las batallas de cada día, las mil batallas de cada día y si no son capaces de enfrentar con alegría, paciencia, y esperanza esas batallas, ¿Cómo habrán de soportar las grandes luchas por el reino del amor?, ¿Cómo podrán lograr que otros se aferren a la esperanza de vuestro Señor, si dentro no han conseguido aún ese don, y reaccionan con violencia ante una respuesta que no es de su agrado? El mundo es violencia, violencia entre padres e hijos, entre hermanos aún entre maestros y discípulos, la paciencia amados míos todo lo alcanza y todo lo puede.

Así sea.

Grande es vuestra responsabilidad, hermanos míos y grande será vuestro premio. Mi amado Padre y Yo os contemplamos con amor y os bendecimos con nuestras gracias.

Amén

Canal: STARR
e-mail: igashu.starr@gmail.com
WebSite: http://igashu-starr.blogspot.com

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