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sábado, 1 de enero de 2011

UN CURSO DE MILAGROS ... "PREFACIO"...

¿Qué postula Un Curso de Milagros?
Nada real puede ser amenazado.
Nada irreal existe.
En esto radica la paz de Dios.



Así comienza Un curso de milagros, el cual establece una clara distinción entre lo real y lo irreal, entre el conocimiento y la percepción. El conocimiento es la verdad y está regido por una sola ley: la Ley del Amor o Dios. La verdad es inalterable, eterna e inequívoca. Es posible no reconocerla, pero es imposible cambiarla. Esto es así con respecto a todo lo que Dios creó, y sólo lo que Él creó es real. La verdad está más allá del aprendizaje, porque está más allá del tiempo y de todo proceso. No tiene opuestos, ni principio, ni fin... ¡Simplemente es!...


El mundo de la percepción, por otra parte, es el mundo del tiempo, de los cambios, de los comienzos y de los finales. Se basa en interpretaciones, no en hechos. Es un mundo de nacimientos y muertes, basado en nuestra creencia en la escasez, en la pérdida, en la separación y en la muerte. Es un mundo que aprendemos, en vez de algo que se nos da; es selectivo en cuanto al énfasis perceptual, inestable en su modo de operar e inexacto en sus interpretaciones.


Del conocimiento y de la percepción, surgen dos sistemas de pensamiento distintos, que se oponen entre sí en todo. En el ámbito del conocimiento, no existe ningún pensamiento aparte de Dios, porque Dios y Su creación comparten una sola Voluntad. El mundo de la percepción, por otra parte, se basa en la creencia en opuestos, en voluntades separadas y en el perpetuo conflicto que existe entre ellas, y entre ellas y Dios. Lo que la percepción ve y oye, parece real porque sólo admite en la conciencia, aquello que concuerda con los deseos del perceptor. Esto da lugar a un mundo de ilusiones, mundo que es necesario defender sin descanso, precisamente porque no es real.


Una vez que alguien queda atrapado en el mundo de la percepción, queda atrapado en un sueño. No puede escapar sin ayuda, porque todo lo que sus sentidos le muestran, da fe de la realidad del sueño. Dios nos ha dado la Respuesta, el único Medio de escape, el verdadero Ayudante. La función de Su Voz - Su Espíritu Santo - es mediar entre los dos mundos. El Espíritu Santo puede hacer eso porque, si bien por una parte conoce la verdad, reconoce también nuestras ilusiones, aunque no cree en ellas. El objetivo del Espíritu Santo, es ayudarnos a escapar del mundo de los sueños, enseñándonos cómo cambiar nuestra manera de pensar y cómo corregir nuestros errores. El perdón es el recurso de aprendizaje excelso, que el Espíritu Santo utiliza, para llevar a cabo ese cambio en nuestra manera de pensar. El Curso, no obstante, ofrece su propia definición de lo que en realidad es el perdón, así como también de lo que es el mundo.


El mundo que vemos, refleja simplemente nuestro marco de referencia interno: las ideas predominantes, los deseos, y las emociones que albergan nuestras mentes. "La proyección da lugar a la percepción" (Texto, pág. 497). Primero miramos en nuestro interior y decidimos qué clase de mundo queremos ver; luego proyectamos ese mundo afuera y hacemos que sea real para nosotros tal como lo vemos. Hacemos que sea real mediante las interpretaciones que hacemos de lo que estamos viendo. Si nos valemos de la percepción, para justificar nuestros propios errores, nuestra ira, nuestros impulsos agresivos, nuestra falta de amor en cualquier forma que se manifieste, veremos un mundo lleno de maldad, destrucción, malicia, envidia y desesperación. Tenemos que aprender a perdonar todo esto, no porque al hacerlo seamos "buenos" o "caritativos", sino porque lo que vemos no es real. Hemos distorsionado el mundo con nuestras absurdas defensas y, por lo tanto, estamos viendo lo que no está ahí. A medida que aprendamos a reconocer nuestros errores de percepción, aprenderemos también a pasarlos por alto, es decir, a "perdonarlos". Al mismo tiempo nos perdonaremos al mirar más allá de los conceptos distorsionados que tenemos de nosotros mismos, y ver el Ser que Dios creó en nosotros, como nosotros.


El pecado se define como "una falta de amor" (Texto pág. 12). Puesto que lo único que existe es el amor, para el Espíritu Santo el pecado no es otra cosa que un error que necesita corrección, en vez de algo perverso que merece castigo. Nuestra sensación de ser inadecuados, débiles y de estar incompletos, procede del gran valor que le hemos otorgado al "principio de la escasez", el cual rige al mundo de las ilusiones. Desde este punto de vista, buscamos en otros lo que consideramos que nos falta a nosotros. "Amamos" a otro con el objeto de ver que podemos sacar de él. De hecho, a esto es a lo que en el mundo de los sueños se le llama amor. No puede haber mayor error que ése, pues el amor es incapaz de exigir nada.


Sólo las mentes pueden unirse realmente, y lo que Dios ha unido, ningún hombre lo puede desunir (Texto, pág. 396). No obstante, la verdadera unión, que nunca se perdió, sólo es posible en el nivel de la Mente de Cristo. El "pequeño yo" procura engrandecerse obteniendo del mundo externo aceptación, posesiones y "amor". El Ser que Dios creó no necesita nada. Está eternamente a salvo y es eternamente íntegro, amado y amoroso. Busca compartir en vez de obtener; extender en vez de proyectar. No tiene necesidades de ninguna clase, y sólo busca unirse a otros que, como él, son conscientes de su propia abundancia.


Las relaciones especiales que se establecen en el mundo, son destructivas, egoístas e "infantilmente" egocéntricas. Mas si se le entregan al Espíritu Santo, pueden convertirse en lo más sagrado de la tierra: en los milagros que señalan el camino de retorno al Cielo. El mundo utiliza las relaciones especiales como el último recurso en favor de la exclusión y como una prueba de la realidad de la separación. El Espíritu Santo las transforma en perfectas lecciones de perdón y las utiliza como un medio para despertarnos del sueño. Cada una representa una oportunidad de sanar nuestras percepciones y de corregir nuestros errores. Cada una es una nueva oportunidad de perdonarnos a nosotros mismos, perdonando a otros. Y cada una viene a ser una invitación más del Espíritu Santo al recuerdo de Dios.


La percepción es una función del cuerpo y, por lo tanto, supone una limitación de la conciencia. La percepción ve a través de los ojos del cuerpo y oye a través de sus oídos. Produce las limitadas reacciones que éste tiene. El cuerpo aparenta ser, en gran medida, auto-motivado e independiente, mas en realidad sólo responde a las intenciones de la mente. Si la mente lo utiliza para atacar, sea de la forma que sea, el cuerpo se convierte en la víctima de la enfermedad, la vejez, y la decrepitud. Si la mente, en cambio, acepta el propósito del Espíritu Santo, el cuerpo se convierte en un medio eficaz de comunicación con otros, invulnerable mientras se le necesite, que luego sencillamente se descarta cuando deja de ser necesario. De por sí, el cuerpo es neutro, como lo es todo en el mundo de la percepción. Utilizarlo para los objetivos del ego o para los del Espíritu Santo, depende enteramente de lo que la mente elija.


Lo opuesto a ver con los ojos del cuerpo, es la visión de Cristo, la cual refleja fortaleza en vez de debilidad, unidad en vez de separación y amor en vez de miedo. Lo opuesto a oír con los oídos del cuerpo es la comunicación a través de la Voz que habla en favor de Dios, el Espíritu Santo, el cual mora en cada uno de nosotros. Su Voz nos parece distante y difícil de oír porque el ego, que habla en favor del yo falso y separado, parece hablar a voz en grito. Sin embargo, es todo lo contrario. El Espíritu Santo habla con una claridad inequívoca y ejerce una atracción irresistible. Nadie puede ser sordo a Sus mensajes de liberación y esperanza, a no ser que elija identificarse con el cuerpo, ni nadie puede dejar de aceptar jubilosamente la visión de Cristo a cambio de la miserable imagen que tiene de sí mismo.


La visión de Cristo es el don del Espíritu Santo, la alternativa que Dios nos ha dado contra la ilusión de la separación y la creencia en la realidad del pecado, la culpabilidad y la muerte. Es la única corrección para todos los errores de percepción: la reconciliación de los aparentes opuestos en los que se basa este mundo. Su benévola luz muestra todas las cosas desde otro punto de vista, reflejando el sistema de pensamiento que resulta del conocimiento, y haciendo que el retorno a Dios no sólo sea posible, sino inevitable. Lo que antes se consideraba una injusticia, que alguien cometió contra otro, se convierte ahora en una petición de ayuda y de unión. El pecado, la enfermedad y el ataque, se consideran ahora percepciones falsas, que claman por el remedio que procede de la ternura y del amor. Las defensas se abandonan, porque donde no hay ataque no hay necesidad de ellas. Las necesidades de nuestros hermanos se vuelven las nuestras, porque son nuestros compañeros en la jornada de regreso a Dios. Sin nosotros, ellos perderían el rumbo. Sin ellos, nosotros jamás podríamos encontrar el nuestro.


El perdón es algo desconocido en el Cielo, donde es inconcebible que se pudiese necesitar. En este mundo, no obstante, el perdón es una corrección necesaria para todos los errores que hemos cometido. Perdonar a otros es la única manera en que nosotros mismos podemos ser perdonados, ya que refleja la ley celestial según la cual dar es lo mismo que recibir. El Cielo es el estado natural de todos los Hijos de Dios tal como Él los creó. Ésa es su realidad eternamente, la cual no ha cambiado porque nos hayamos olvidado de ella.


El perdón es el medio que nos permitirá recordar. Mediante el perdón cambiamos la manera de pensar del mundo. El mundo perdonado se convierte en el umbral del Cielo, porque mediante su misericordia, podemos finalmente perdonarnos a nosotros mismos. Al no mantener a nadie prisionero de la culpabilidad, nos liberamos. Al reconocer a Cristo en todos nuestros hermanos, reconocemos Su Presencia en nosotros mismos. Al olvidar todas nuestras percepciones erróneas, y al no permitir que nada del pasado nos detenga, podemos recordar a Dios. El aprendizaje no nos puede llevar más allá... 


¡Cuando estemos listos, Dios Mismo dará el último paso que nos conducirá de regreso a Él!...


Por: Ascensión Nueva Tierra


WebSite:www.ascensionnuevatierra.es

miércoles, 22 de diciembre de 2010

"CRISTO" ... ¡Empieza por Tí Mismo! ... y ... "No Misiones" ...

Cristo... Por tanto, quien habla negativamente de sus semejantes, 
los desvaloriza y habla mal de ellos, no conoce sus propias faltas.

“No deis lo sagrado a los perros, ni arrojéis vuestras perlas a las cerdas, 
no sea que las aplasten con los pies y, dándose vuelta, os destrocen. (Cap. 27, 3)




¡EMPIEZA POR TÍ MISMO!...


2. “¿Cómo ves la paja en el ojo de tu hermano, y no te percatas de la viga en el tuyo?.. o ¿Cómo osas decir a tu hermano: quiero quitar la paja de tu ojo?... y ¡He aquí que hay una viga en tu ojo... Hipócrita, quita primero la viga de tu propio ojo, y sólo entonces verás con claridad, para poder quitar la paja del ojo de tu hermano!... (Cap. 27, 2)


Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:


Sólo habla constantemente sobre la paja en el ojo de su prójimo, el hombre que no se percata de la viga en el propio ojo. Sólo se empeña en querer sacar la paja del ojo de su hermano, el que no conoce su propia forma de pensar y vivir. 


Quien no se conoce ni conoce su viga —¡los pecados en el alma, que se reflejan en sus propios ojos!—, no tiene ojos para la verdad. Su vista está nublada por el pecado. Ve entonces en el prójimo, sólo lo que también él mismo aún es: un pecador. 


Sólo quien transforma la viga que hay en su propio ojo, ve cada vez más claro. Entonces podrá ver cada vez más claramente la paja en el ojo de su hermano y —obrando conforme a la ley del amor al prójimo— serle de ayuda para eliminarla.


Por tanto, quien habla negativamente de sus semejantes, los desvaloriza y habla mal de ellos, no conoce sus propias faltas.


¡Por sus frutos los reconoceréis!... Cada cual muestra quién es —es decir, sus frutos—. Quien se irrita a causa de sus semejantes y se burla de ellos, está mostrando quién es realmente.


Quien primero se desprenda de su propia falta, también será capaz de ayudar a su prójimo. Por eso... ¡es un hipócrita todo el que habla despreciativamente de las faltas de su hermano! —sin notar la viga en su propio ojo.


¡NO MISIONES!...

3. "No deis lo sagrado a los perros, ni arrojéis vuestras perlas a las cerdas, no sea que las aplasten con los pies y, dándose vuelta, os destrocen". (Cap. 27, 3)...


Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:


No concuerda con la ley eterna del Libre Albedrío, el que vayáis con las palabras de la verdad, de un lugar a otro, de casa en casa, haciendo uso de vuestras artes de convicción y persuasión, misionando a cuantos están a vuestro alcance; pues esto significaría, que no santificáis la verdad y que hacéis lo que, muy gráficamente está escrito : “¡no deis lo sagrado a los perros, ni arrojéis vuestras perlas a las cerdas!”... ¡No debéis, pues, imponer la palabra de Dios a vuestro prójimo!... Quien cree que su prójimo debería creer y aceptar aquello, de lo que él cree estar convencido, aún tiene dudas, y pone en entredicho su propia fe.


"Misionar"... significa querer convencer... ¡Quien quiere convencer, todavía no está convencido en su interior de lo que preconiza!...


Sed, por el contrario, buenos ejemplos de vuestra fe, y no misionantes... ¡Podéis ofrecer el patrimonio de vuestra fe, y dejar a cada cual la libertad de querer creer en ello o no, y de querer participar o no con vosotros!...


¡La libertad en Dios es un aspecto de la ley eterna!... ¡Si vuestro prójimo viene a vosotros, por libre voluntad, y pregunta acerca de vuestra fe, él está dando el primer paso hacia vosotros; y, quien tenga fe, se acercará a su prójimo y le contestará!...


Quien esté unido por lazos de unión divinos a su prójimo, no lo atará a su fe —sino solamente le participará tanto cuanto él mismo haya reconocido y realizado—. Sólo quiere atar al prójimo a su fe, aquel que ha desarrollado poco amor desinteresado.


Por tanto... ¡precaveos de los fanáticos, que quieren persuadiros para que aceptéis su fe!... Ofreced la verdad eterna, de palabra y por escrito —y vivid vosotros mismos conforme a ella—; entonces se os acercarán los que hayan reconocido la vida en sí mismos.


Cristo ... El Sermón de la Montaña...


WebSite:http://www.universelles-leben.org/cms/es/ quienes-somos/el-sermon-de-la-montana.html