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lunes, 10 de mayo de 2010

14 – Enseñanzas del Padre Celestial – 10/1/2010

Aquí se desvela el misterio de la vida, en saber recibir la bendición que os ha sido dada desde el principio, la bendición de descubrir en vosotros la dignidad de hijos del Altísimo, pues vuestro Padre aunque abandonéis el hogar mil veces, continuará esperándoos con los brazos abiertos, preparando todo para recibiros y susurrando a vuestro oído: Tú eres mi hijo Amado en quien me complazco. Así sea.

Hola Padre Amado, siento ya tu Presencia dentro de mí.

Si hija aquí estoy, siempre cumplo mis promesas y jamás he dejado de asistir a mis hijos, cuando me lo han permitido. No siempre es así.

Padre sé que nosotros tus hijos, nos desviamos a cada instante del camino que nos conduce a ti.

En realidad hija no es que se desvíen del camino, sino que abandonaron el camino hace tiempo, abandonaron también la casa de vuestro Padre. Os instruí para que profundizarais en los mensajes de mi hijo Jesús.

Sí Padre lo estamos haciendo.

Lee hija mía lo que te he señalado.

“Un hombre tenía dos hijos. El mayor dijo a su Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde, y el Padre les repartió la herencia, a los pocos días el hijo menor reunió todo lo suyo, se fue a un país lejano y allí gasto toda su fortuna llevando una mala vida. Cuando se lo había gastado todo, sobrevino una gran hambre en aquella comarca y comenzó a padecer necesidad. Se fue a servir a casa de un hombre del país, que le mandó a sus tierras a cuidar cerdos, gustosamente hubiera llenado su estómago con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces, reflexionando, dijo: ¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre!, me pondré en camino, volveré a casa de mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros; se puso en camino y fue a casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió. Fue corriendo, se echó al cuello de su hijo y lo cubrió de besos, el hijo comenzó a decir: Padre he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros, pero el padre dijo a sus criados. Traed enseguida el mejor vestido y ponérselo. Ponedle también un anillo en la mano y sandalias en los pies, tomad el ternero cebado, matadlo y celebremos un banquete de fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido encontrado, y se pusieron a festejarlo.

El hijo mayor estaba en el campo, y al volver y acercarse a la casa, oyó la música y los bailes. Llamó a uno de los criados y le preguntó que significa aquello, y este le contestó: Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el ternero cebado porque lo ha recobrado sano.

Él se enfadó y no quiso entrar y su padre salió y se puso a convencerlo. Él contestó a su padre: Hace ya muchos años que te sirvo sin desobedecer jamás tus órdenes y nunca me diste ni un cabrito para celebrar una fiesta con mis amigos, pero llega este hijo tuyo, que se ha gastado tu patrimonio en prostitutas, y tú le matas el ternero cebado.

“Hijo tu estás siempre comigo, y todo lo mío es tuyo, pero tenemos que alegrarnos y hacer fiesta, porque este hermano tuyo, estaba muerto, y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”.

Ya esta Padre.

Dime hija mía ¿alguna vez habéis meditado con detenimiento esta historia?

¿Os habéis identificado con alguno de esos hijos?

Si Padre lo he hecho muchas veces con el hijo menor. ¿Y hay muchos hijos menores en el nuevo reino verdad Padre?

Mira hija mía, por ahora deseo hablaros de vosotros, pues si no aprendéis de vosotros os cómo creceréis en mi amor, ¿cómo podréis ser imagen ante el mundo de Dios, cómo podrán descubrir que sois Dios mismo?

Predicáis, camináis, habláis a otros de vuestro Padre de su gran amor, pero vosotros aún estáis camino a casa, habéis dejado ese país lejano donde estabais perdidos, y os estáis preparando para contar al mundo vuestra historia, para que en ella los hombres puedan encontrar un poco de esperanza, de luz y de consuelo. Mucho de cuanto habéis vivido en estos años formará parte de esta historia, como etapas en vuestro camino hacia la luz.

Si Padre un camino que no ha sido fácil y tú lo sabes. Pedro aquí estamos Padre dispuestos a aprender.

Dices bien hija mía el aprendizaje forma parte el ser en Dios y saberse necesitado de aprender es el primer paso hacia el encuentro profundo con vuestro Señor, pues es el paso de quién se sabe discípulo.

Yo mismo os mostraré el camino, pues habéis sido llamados a proclamar al mundo, el amor sublime de vuestro Padre, habiendo antes gozado en plenitud de su amor y su consuelo. Venid hijos míos apoyad vuestro oído en mi pecho y escuchad sin interrupción los latidos de mi corazón, entonces, y solo entonces podréis decir con conocimiento todo aquello que escucháis de Mí.

¡Padre amado es tan grato estar apoyada sobre tu pecho!

Todos hija mía sin excepción alguna tienen el mismo privilegio, pero pasan corazón y lo que es más importante hija mía debéis descubrir vuestro propio santuario interior, donde he elegido hacer mI morada, y la única forma de llegar a él es orando constantemente, no os confundáis.

Vuestras luchas de todos los días, vuestros dolores, vuestros sufrimientos, pueden aclarar el camino, pero solo la oración mental, y contemplativa es la que os permitirá entrar allí.

Hija mía vosotros también habéis sido el hijo mayor, aquél hijo que no entendía la actitud de su padre.

Os he escuchado decir, Padre lo he dado todo por ti, he renunciado a casa, familia, padre, madre, solo por ir en pos de ti, y solo encuentro desprecio, solo encuentro dolor y soledad, cada uno de vosotros sois también el hijo mayor pues vuestra humanidad os lleva a sentiros en muchas ocasiones alejados de vuestro Padre, aún habiéndolo dado todo y de eso debéis aprender a ser capaces de no fijaros en que se os da a vosotros y en que se os da a otros, esa es la primera regla en vuestro misionar, encontrareis en el camino hijos menores, que alejados del padre desea regresar y encontrareis en el camino en muchos hermanos hijos mayores, celosos por lo que se le ha dado a aquel que no se lo merecía, según su propia convicción interior.

Lo que debéis de aprender hoy es que en realidad estáis llamados a ser el padre.

¿El Padre?

Si el Padre hija mía, si sois yo mismo, pues ese es vuestro llamado ser padre. Ese padre que espera eternamente el regreso del hijo, ese padre que se complace tanto que ha colocado un anillo en el dedo.

¿Dime hija no te suena familiar?

Si Padre amado un día tu…

Si yo coloque en vuestro dedo un anillo.

Ese anillo Padre ¿no fue la alianza de amor de Pedro y mía?

Hija mía tiene un significado mas profundo que ese, mucho más, Yo vuestro Padre os uní con esa alianza, pero ese anillo que hoy lleváis en el dedo es el sello de vuestra dignidad real, sois hijos del rey de reyes, os coloqué el anillo que os dice que sois uno solo conmigo vuestro Padre, y os vestí con las mejores ropas celestiales y os calcé con el mejor calzado, mis sandalias.

Padre ¿Acaso hemos abandonado dejando ahora tu morada?

No hija mía, no la han abandonado dejando a vuestro Padre, la han abandonado enviados por vuestro Padre, y para poder llevar mi mensaje de amor, debéis experimentar ser todo. El hijo que regresa después de haber derrochado todo, que un día sí lo fuisteis, el hijo que sufre viendo como el Padre hace fiesta por alguien que tal vez no lo merece, a eso lo habéis visto en vuestro entorno y el Padre, cada una de las facetas de la historia reside en vosotros mismos.

Es duro dejar el hogar Padre mío.

Hija mía aquél que se aleja del hogar de vuestro Padre niega la realidad de que pertenece a Dios con todo su ser, de que Dios os tiene a salvo en un abrazo eterno, de que yo vuestro Padre, estoy grabado en vuestras palmas de las manos y de que estoy escondido en vuestras sombras.

Hijos míos dejar el hogar significa ignorar la verdad de que vuestro Dios os ha moldeado en secreto, os ha formado en las profundidades de la tierra, y os ha tejido en el seno de vuestra madre.

El hogar hijos míos es el centro de vuestro ser, allí donde podéis oír mi voz diciendo, Sois mis hijos amados, en quién me complazco. Ya habéis oído mi voz, os hablé antes y os hablo ahora, mi voz jamás os deja de llamar, os habla desde la eternidad y os doy la vida a cualquiera que desee escucharla.

Padre

Dime hija

Si alguien nos dice que escucha tu voz, ¿cómo lo guiaremos para que pueda abrirse más a ti?

Simplemente les diréis que cuando escuchen mi voz ya sabrán que ha regresado y están en casa con Dios, y que no deben temer nada, el temor no debe existir para aquellos que en su bondad han abierto su corazón hacia mí y auque pasen por un valle tenebroso, ningún mal tendréis y como el Amado entonces seréis capaces de curar a los enfermos, resucitar a los muertos, limpiar a los enfermos, pues gratis lo recibisteis y gratis lo daréis.

Padre estoy cansada

Si hija mía reposa aquí en mi pecho, descansa amada hija mía.

Padre solo tu voz deseamos escuchar siempre, esa voz Padre que nos dice en que el hogar siempre ha estado allí y que siempre estará allí y que tus manos firmes nos sostienen.

Sí hija mía, solo escuchad, cerrad vuestros oídos a esas voces que os dicen sal y demuestra que vales, a esas voces que os sugieren que aún no habéis llegado a los lugares que ellos están y que aún debéis esforzaros y andar mucho para ganaros el derecho a escuchar mi voz. Apartaos de ellas no os acerquéis más, cerrad vuestros corazones a todo aquello que os diga que no sois lo que en verdad sois, pues niegan que el amor es un regalo gratuito, os hacen dejar el hogar del Padre cada vez que pierden un segundo de vuestro tiempo en tan solo escucharlas.

Sois mis hijos amados, el mayor y el menor, pero sobretodo hijos míos, sois Yo mismo, el Padre. La pregunta que hago hoy es ¿A quien os parecéis más al Dios o al mundo?

Responded eso. Vuestras preocupaciones diarias os sugieren muchas veces, que pertenecéis más al mundo, que a vuestro Dios, ya no necesitáis más ir por el mundo preguntando ¿Me quieres? ¿Señor realmente me quieres?

¿Mundo me queréis? Mientras vuestro Padre ya os ha respondido de antemano que sois lo más grande que ha hecho con sus propias manos y que gozáis de su inmenso y sublime amor. El mundo os responderá.

Os amamos si sois mi sostén,

Si veláis para que nada me falte,

Si sois inteligentes,

Si tenéis buen cuerpo

Y si gozáis de buena salud.

Entonces os dará ese amor, pues hijos míos el cuerpo se deteriora, la salud va y viene, el amor que solo es amor en esas circunstancias, no es amor.

Aquí se desvela el misterio de la vida, en saber recibir la bendición que os ha sido dada desde el principio, la bendición de descubrir en vosotros la dignidad de hijos del Altísimo, pues vuestro Padre aunque abandonéis el hogar mil veces, continuará esperándoos con los brazos abiertos, preparando todo para recibiros y susurrando a vuestro oído:

Tú eres mi hijo Amado en quien me complazco.

Así sea.

Vuestro mundo está lleno de hijos caprichosos, rencorosos, pero el estar rodeado de iguales, pues todos en algún modo lo sois, os dará un sentimiento de solidaridad, y esa solidaridad hijos míos, es nada más que una estación en el camino, mucho más solidario, el camino el amor perfecto, un amor que os hará sentir la soledad del Padre, la soledad del hijo mayor y la soledad del hijo menor. Pues aquellos que abrazan el amor, el amor perfecto del Padre, deberán acostumbrarse a la soledad. La soledad de aquellos que aún no han conocido ese amor y no lo entienden, ni lo aceptan, la misma soledad que solo encontrará segura compañía en la voz de vuestro Dios que os habla todos los días en vuestro corazón.

Amén.

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