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lunes, 10 de mayo de 2010

CARTA DIRIGIDA AL CRISTO Roberto Maruri Ampuero

El Cristo somos nosotros y esto no es blasfemia, es sólo el Amor que anida al interior del humano. No hay nada externo, todo se enciende en la intimidad del UNO. Ese el Yo que hoy habla, y al dirigirse a Cristo, se dirige a si mismo y comienza a comprender su propia grandeza, a comprender que no hay nada proyectado, que no existen las partes, ni la distancia. Este es el Yo que hoy habla: el de un hombre simple. Es el Yo que está saliendo de la Ilusión.

Querido Maestro me dirijo a ti y al Consejo de los de Los Ancianos Estelares, a los creadores de este Universo y de Gaia, te habla un humano más desde el fondo de las piedras, ni siquiera es la voz de los volcanes, es sólo un humano más: un Hombre.

No te hablo ni siquiera con el viento de los bosques, ni con el rugido de las panteras de África. No es el sonido de los violines, ni el redoblar de los tambores nativos de Sudamérica, ni siquiera es un grabador de las pirámides toltecas, ni siquiera un sacerdote hundiendo un cuchillo en una garganta humana joven en actitud sacrificial hacia algún astro; no, es más simple que eso.

No es la intensidad de un tenor, ni el grito de un río en su afán de libertad: es sólo la voz de un Hombre.

Es una voz cansada por el paso de los siglos. Es una voz que emerge suave al final de la Metahistoria.

Ésta voz busca al Maestro, y sólo escucha la respuesta de su propia voz. Y ese “maestro” resplandece en su propia aura, en sus propios registros aurales.

“No puedes ver al maestro tienes que ser el maestro” (Isha), y al parecer es cierto, querido maestro humano. No podemos buscar al maestro afuera. El Cristo somos nosotros y esto no es blasfemia, es sólo el Amor que anida al interior del humano. No hay nada externo, todo se enciende en la intimidad del UNO. Ese el Yo que hoy habla, y al dirigirse a Cristo, se dirige a si mismo y comienza a comprender su propia grandeza, a comprender que no hay nada proyectado, que no existen las partes, ni la distancia.

Este es el Yo que hoy habla: el de un hombre simple. Es el Yo que está saliendo de la Ilusión.

Entonces ésta, es sólo la Voz de la Conciencia. Ésta es la Vacuidad de la que nos hablaron las filosofías orientales, ésta es la Philosofia Perennis donde flotan los témpanos.

Querido maestro a ti te hablo al hablarme a mi mismo; le hablo a cada maestro que hoy esta recordando que es un Maestro y que no hay un “otro”, no hay enemigo, no hay ofendido, ni hermano.

Querido Cristo o querido maestro humano, hoy me dirijo a mi mismo, es decir, a ti. Este no es un problema de identidad (humor cósmico -como diría Kuthumi-) no es esquizofrenia, al contrario es resolución del psiquismo fracturado, es la ascensión a la paz total.

Esta es la voz de nuestra identidad más honda saliendo de los velos del fantasma que hoy dejamos.

Ésta es una carta dirigida al maestro por excelencia, al maestro interno, a ti humano.

Comencé escribiendo esta esquela con una sensación de abandono y a medida que escribía me fui dando cuenta que me estaba dirigiendo a mi mismo, que hay un sólo maestro.

Sólo quería hablar con lo más alto.

Cristo Somos UNO. Las voces de la Nada. Los ecos de una sola voz. La Voz y sus propios ecos remontándose.

Sobre las lluvias el Uno extiende sus alas y llena el viento con su habla.

Entonces esa voz inicial perdida: es La Voz , el canto maestro de las estrellas: es la Voz del Amor, es la música de todos los vientos hasta la de los altos vientos galácticos y solares; y desde mas allá flotando es la Voz de la Unicidad : mi voz y tu voz, querido maestro terrestre y sideral, desde las razas innombrables vienes, eres los flujos de todas las vastedades, en tu piel la navegación, en tus aros los cúmulos de nubes, en tus sueños todos los misterios se agolpan como palomas en bandadas desde las catedrales de las plazas urbanas, desde la tierra costrosa del mundo, desde las arenas. Esta es la voz de Gaia también, subiendo por los acantilados, rozando los farallones, besando en un planeo el humo que sube desde las fogatas terrenas como almas.

Este es la Voz del Amor: tú voz maestro amado e insustituible, venido de la Luz , anidado hoy en lo humano, geometrizado en las pampas y ciudades. Maestro de las Alturas, tus chacras son flores plantadas en los vacíos, rodeadas de flamencos que en una pata se elevan desde los lagos del éter: todo este mar amante es tuyo. Maestro intocado, cuerpo de la Nada.

Desde que saliste del Uno ya nada es igual, todo lo elevaste en tus ojos, todo lo mareaste en el fondo de tus iris extendidas. Hoy hablo desde ti, a través de tu garganta, con tus cuerdas vocales que son veleros flameando su blanco.

Maestro querido, al mirarte a los ojos veo mis propios ojos: el aire, la trascendencia, la música, veo los sueños del aire, veo los sueños del Yo Superior Unificado, veo las aves divinas, las esencias de un vuelo maestro.

09 de Mayo, 2010

artessur@gmail.com

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